A qué huelen las nubes

Últimamente todos hemos oído hablar de la anosmia o la hiposmia: las disfunciones totales o parciales del sentido del olfato. Estos síntomas del Coronavirus han reavivado el debate sobre la importancia de este sentido que, en el aspecto más puramente biológico, está intrínsecamente relacionado con el instinto de supervivencia. Por lo que podríamos decir que es esencial. El sentido del olfato nos permite relacionarnos con el mundo exterior de una manera muy especial. Los olores son capaces de activar todas las regiones emocionales del cerebro: nos conectan con momentos de nuestro pasado, nos hacen revivir sentimientos y emociones e incluso afectan a nuestro estado de ánimo. Por eso nos perfumamos: para explicarnos a nosotros mismos. Porque los aromas nos construyen.

Yo he buscado durante años un aroma que me definiera. Una especie de sello personal, de firma. Ahora me doy cuenta de que -aunque casi siempre acabo volviendo a las mismas familias olfativas- quizás estaba equivocada al intentar encontrar mi perfume. Al fin y al cabo, todos crecemos, evolucionamos y nuestros gustos van cambiando. No vestimos igual por la mañana para ir a trabajar, que por la noche para ir a una fiesta. Ni vestimos igual en invierno que en verano. Con las fragancias debería pasar lo mismo.

A mí en verano me gustan los perfumes ligeros. Los que huelen a limpio y me transportan a lugares en los que estoy en paz. Me gusta Wood sage and sea salt, de Jo Malone, para el día. Es como abrir la ventana una mañana de primavera en una casa frente al mar. Es acogedor y revitalizante. Me hace sentir renovada y me trae ideas frescas. Y me gusta Luna, de Penhaligons, para la noche: limón, bergamota, bayas de enebro, abeto balsámico y almizcle. Es un poco más intenso y envolvente, aunque muy delicado.

En invierno, en cambio, me gustan los perfumes más cálidos: amaderados y almizclados, con ligeras notas florales que los refresquen. Para el día me gusta  Intuitive, de Aristocrazy. Es una fragancia de la familia olfativa oriental floral. En un principio resulta fresca. Luego se transforma en un perfume atalcado y especiado pero sin ser empalagoso. Y para la noche me encanta Virgin lilly of the valley, de EB florals. Es femenino y seductor pero sin caer en lo obvio. Me transmite serenidad, experiencia y belleza y dura muchísimo.

Además de los olores, también me fascina la industria de la perfumería por el diseño de los frascos. Por su peso. Por el sonido del vaporizador. Por el estilo de vida que transmiten. Y, precisamente en los tiempos que corren, todo lo aspiracional, el mundo de los anhelos y las ensoñaciones… me supone un cierto alivio.

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